Miguel Hernandez: The Soldier and the Snow (From Spanish)


From Hernandez' days serving in the Republican Army in the Spanish Civil War. 

The Soldier and the Snow (1937)
By Miguel Hernandez
Translated by A.Z. Foreman

December has frozen up its two-edged breath
and chuffs it from the frozen heavens' shoulders
like a dry fire unwinding into thread
like a vast ruin coming down on soldiers.

Snow where the horse leaving a hoofprint trail
is solitude of grief that gallops still.
Snow of decrepit claws, split fingernails,
complete contempt and heavenly ill will.

It bites, hews and cuts through with an edgeways
and bloodshot marble ax's awful blow. 
It falls, spills out like a ruptured embrace
of wings and canyons, solitude and snow.

This violence split from winter's core, this bite
of hunger sick of being hungry and cold,
bullies the naked with eternal spite
that is white, silent, dark, starved, deadly and old.

It would soften down forges, hatreds, fires, 
would stopper up the seas, bury all loves,
and throws up huge slow gauzy barriers,
soundless statues, glass shards in hostile droves.

I would unspool the heart of wool now turning
in textile mill and warehouse till it pours
to cover bodies that ignite each morning
with voices, faces, boots and rifle-bores.

Clothes for bodies that may go naked, all 
dressed in nothing more than the ice and frost
and wizened stone to block cruel beaks that fall
in pallid flight with pallid pecking thrust.

Clothes for bodies that silently withstand
this whitest onslaught with their bones of red,
because these soldiers' bones are solar brands,
because they're fires with foot and eye and head.

Cold lurches forward and death's leaves fall dead. 
A soundless din I hear rains here below
where on the white snow, life is red and red
sets the snow steamy, sows fire in the snow.

So much they are like crystal rock unbroken
that only flame can shape them in fire's clash,
that fight with icy cheekbones and mouths open,
and turn all back to memories of ash.

Audio of me reciting this poem in Spanish:


The Original:

El Soldado y la Nieve

Diciembre ha congelado su aliento de dos filos,
y lo resopla desde los cielos congelados,
como una llama seca desarrollada en hilos,
como una larga ruina que ataca a los soldados.

Nieve donde el caballo que impone sus pisadas
es una soledad de galopante luto.
Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas,
de celeste maldad, de desprecio absoluto.

Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo,
con un hacha de mármol encarnizado y leve.
Desciende, se derrama como un deshecho abrazo
de precipicios y alas, de soledad y nieve.

Esta agresión que parte del centro del invierno,
hambre cruda, cansada de tener hambre y frío,
amenaza al desnudo con un rencor eterno,
blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío.

Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras,
quiere cegar los mares, sepultar los amores:
y se va elevando lentas y diáfanas barreras,
estatuas silenciosas y vidrios agresores.

Que se derrame a chorros el corazón de lana
de tantos almacenes y talleres textiles,
para cubrir los cuerpos que queman la mañana
con la voz, la mirada, los pies y los fusiles.

Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos,
que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos:
de piedra enjuta contra los picotazos rudos,
las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos.

Ropa para los cuerpos que rechazan callados
los ataques más blancos con los huesos más rojos.
Porque tienen el hueso solar estos soldados,
y porque son hogueras con pisadas, con ojos.

La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja,
el clamor que no suena, pero que escucho, llueve.
Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja
hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve.

Tan decididamente son el cristal de roca
que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza,
que atacan con el pómulo nevado, con la boca,
y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.

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